El regreso de los desplazados por el narco

Por Hugo Cárdenas López
Arte: Juan Soto

En los ‘80 y los ‘90, en la época dorada del narcotráfico en Colombia, los capos construyeron fortalezas y lujosas haciendas en tierras que antes habían pertenecido a víctimas del conflicto armado. Con la caída de los grandes carteles, las propiedades quedaron en manos del Estado. Treinta años después, algunas de esas propiedades vuelven a manos de familias campesinas.

Entre los años ‘80 y ‘90, la época dorada del narcotráfico en Colombia, fue tanto el dinero que ingresó al país que los dólares que llegaban en las mismas avionetas que llevaban la cocaína no se calculaban en cifras sino por el peso de los bultos. Sin la posibilidad de inyectar todo ese dinero al sistema bancario, los capos narcos empezaron a comprar propiedades, invertir en lujos y adquirir tierras.

Sobre esos predios ubicados en sitios exclusivos, de valuaciones altísimas, levantaron lujosas haciendas que eran vigiladas por ejércitos de hombres armados. Con el paso del tiempo y el ocaso de muchos de los cárteles, los terrenos y propiedades pasaron a manos del Estado mediante procesos de extinción de dominio.

Treinta años después, esas haciendas que fueron sede de reuniones donde se planearon grandes embarques de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, van siendo adjudicadas por el Estado a familias de campesinos. Para muchas de ellas, significa el regreso a aquellas tierras de las que un día salieron expulsadas por el conflicto armado.

Este podcast es parte de El último techo, un especial transnacional del Laboratorio de Periodismo Situado.